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Sobre el día de lxs niñxs. La deuda con (y la deuda de) lxs pibxs

Ya es un clásico: llega el Día de lxs niñxs (o de El Niño, como insisten en llamarle las extremas derechas, obsesionadas como están con el léxico de las cosas), y todos los espacios de la vida se llenan de spam niñófilo. Un mail de mercadopago que dice 40% off en Coto por el día de la niñez (a Galperín no le llegó el memo del Decreto 562/2025, que le cambia el nombre), Celebrá el niño que llevas dentro canjeando puntos del Banco Nación, las mejores frases para saludar a los chicos como noticia en un portal online. No hay manera de no enterarse de que está por llegar el Día de la Niñez, de manera similar a que no hay escapatoria al Día del Padre, San Valentín o Navidad: cualquier fecha es excusa para intentar incentivar un consumo que viene en franca caída. El Día de las Infancias es una fecha importantísima para movilizar la economía: los bancos y billeteras virtuales hacen ofertas, sacan cupones, los locales que de alguna forma u otra pueden vender algo para niñxs (juguetes y ropa pero también celulares y tablets) ponen toda la carne en el asador, los cines y teatros hacen promos para ir a ver la nueva de Spiderman o a los Backyardigans on Ice. Lxs niñxs, así, por estas fechas parecen ser la última esperanza de reactivar un poco el consumo que viene estancado desde hace meses. 

El niño como consumidor fue una de las figuras de infancias que se consolidó, en Argentina pero también en otras partes de América Latina, como imagen novedosa hacia finales del siglo pasado. Diferentes autoras (Sandra Carli, VIviana Zelizer, Susana Sosenski, Ludmila Scheinkman) se han dedicado a reflexionar en torno a la relación entre infancia y consumo, es decir, a la compleja relación entre lxs niñxs y la esfera de la economía. Así, a lo largo del siglo XX podemos observar, por lo menos, tres procesos en simultáneo. Por un lado, el discurso de derechos fue haciéndose un lugar y, para lxs niñxs en particular, con diversas declaraciones en torno a los Derechos del Niño, siendo la más reciente la Convención de los Derechos del Niño de 19891. Así se dio lo que dentro de los estudios sociales de la niñez se conoce como el pasaje del modelo tutelar –y pensar a lxs niñxs como objetos– al modelo de derechos –y pensar a lxs niñxs como sujetos–. Dicho proceso tuvo como núcleo la idea de protección y cuidado de la infancia, que se interrelaciona con el segundo proceso. Este refiere a la negación de la infancia como productora de valor (lo que Viviana Zelizer llama la sacralización de la niñez) y su reclusión a espacios domésticos, separados de los espacios políticos y de trabajo que lxs niñxs habitaban cotidianamente hacia finales del siglo XIX. Este proceso implicó la emergencia de la noción de que no había nada más sagrado que un niño, que la infancia era algo invaluable. De la articulación entre estos dos procesos deviene el último: la construcción de lxs niñxs no sólo como sujetos de derechos, sino sujetos con derecho a consumir, porque consumir da felicidad (y garantizar la felicidad de los niños sagrados es lo más importante que hay), y porque ser un ciudadano es poder consumir. 

Es cuanto menos llamativa, entonces, la insistencia en la separación de lxs niñxs del mundo productivo cuando buena parte del Mercado depende de ellxs para seguir produciendo ganancias y para seguir acumulando, y cuando tantas industrias dependen de generar en ellxs un deseo de consumo para seguir existiendo y produciendo. En estos días, si unx entraba a los portales de noticias parecía que del consumo de lxs niñxs dependía la totalidad del sostenimiento económico del país. Así, en la actualidad lxs niñxs son pensadxs como consumidores no sólo de industrias creadas específicamente para ellxs, como los juguetes, o de industrias que se convirtieron en fabricantes de productos infantiles porque vieron allí un sujeto ideal, como las golosinas. Tampoco son únicamente consumidores de productos culturales infantiles y los derivados de estos productos, por ejemplo, las Princesas K-Pop o el Brainrot y la cantidad ridícula de juguetes, revistas, cuadernos, burbujeros, pelotas, álbumes, y objetos varios que pueden encontrarse en cualquier bazar chino. Antes, los sujetos interpelados eran lxs adultxs, aunque el objeto fuera para lxs niñxs: si bien eran la excusa perfecta para vender un producto, quien lo compraba era la persona adulta, y era a ellxs que les hablaban las publicidades, aunque fueran sobre lxs niñxs. Hoy en día, lxs niñxs son pensadxs como consumidores en pie de igualdad que las personas adultas y, cada vez más, son también pensadxs como productores de valor futuro y, en ciertos casos, presente. 

Contrario, entonces, a los ideales que durante mucho tiempo permearon las nociones sobre infancia, el mercado interpela a lxs niñxs en el presente, los transforma en consumidores en el ahora, los hace contemporáneos a las personas adultas en sus deseos de consumo. Esto es muy diferente a la noción evolucionista de la niñez, según la cual lxs niñxs son sujetos en vías de desarrollo hacia la completitud adulta y por lo tanto casi cualquier experiencia en ese momento de la vida es más una experiencia de un “como si” que algo con consecuencias reales en sus vidas. Ya sea un simulacro de votación en el colegio o una práctica de participación controlada, la mayoría de este tipo de instancias parten de la hipótesis de que lxs niñxs están separadxs del mundo adulto y sostienen esa separación al inventar escenarios simulados de prácticas de las adultez para que lxs niñxs las experimenten. Y sin embargo, lxs niñxs, como vienen mostrando las ciencias sociales, sí forman parte del mundo, existen en él a la par que el resto de las generaciones, y viven en el mismo tiempo que el resto de nosotrxs. Decir que lxs niñxs son el futuro les niega presente a ellxs, y también nos niega futuro a nosotrxs: una persona de 6 años pertenece en el futuro del mismo modo que allí pertenece una persona de 50, o de 90, porque el futuro es territorio de todxs, más allá de la edad que tengamos. 

Sin embargo, el futuro se torna un territorio hostil cuando nuestro vínculo más fuerte con él es el endeudamiento. Y eso es lo que está ocurriendo en Argentina, y eso es lo que le está ocurriendo a muchxs pibxs y sus familias. En ese sentido, según UNICEF, cuatro de cada diez niñxs en Argentina son pobres, pero ese número sube a 7 de cada 10 si el jefx del hogar en el que viven está desocupadx. Y a la vez, 7 de cada 10 hogares con niñxs dijeron haber recurrido a alguna forma del endeudamiento, que es la estrategia para poder llegar a fin de mes de muchas familias que ya no pueden pagar cosas de reproducción básica de la vida, como comida y servicios. Lo que emerge, entonces, es la incertidumbre, es una futuridad hostil, condicionada por la deuda, para lxs adultxs pero también para lxs niñxs, dado que la proliferación de billeteras virtuales ha permitido que adolescentes menores de 18 años también accedan a la toma de deuda. 

Es trágico que haya sido el mercado quien posicionó a lxs niñxs como sujetos del presente, como cohabitantes del deseo de consumir. Sobre todo porque a lo largo de la historia existieron diferentes voluntades, proyectos e ideas que también postularon la contemporaneidad de la niñez. Desde organizaciones sociales y políticas, merenderos y comedores, sindicatos, docentes y maestros, es posible ubicar muchas experiencias que entendieron que lxs niñxs disfrutan y también sufren el mundo a la par que las personas adultas. Proyectos políticos que comprendieron que una diferencia en la cantidad de tiempo recorrido en el mundo no tiene por qué significar una desigualdad social, política o, incluso, epistémica. Colectivos, de adultxs y de niñxs, que soñaron –y sueñan– horizontes intergeneracionales, de creación e imaginación conjunta entre las generaciones, de cuidado mutuo, de tomarse en serio la postura del otrx. Espacios que sospecharon que no había que hacer simulacros de experiencias adultas con lxs niñxs, si no que había que transformar lo que consideramos un ámbito de lo adulto, porque lo no-adulto no eran sólo lxs niñxs sino también muchos sujetos sociales que no se amoldaban a la adultez perfecta, y también se estaban quedando afuera. Espacios comunitarios que día a día, en los rincones más diversos de Argentina, crean mundos un poco más justos para todxs, y disputan las nociones hegemónicas en torno a cómo son y tienen que ser lxs niñxs.  Cabe, entonces, la pregunta: ¿De qué otra cosa puede tratarse el día de lxs niñxs, si no es de promover el consumo para salvar a la nación? 

Dibujo hecho por un niño del merendero Lxs pibxs del Ombú, quien se representó cocinando chipá con su mamá.

Dibujo hecho por un niño del merendero Lxs pibxs del Ombú, quien se representó cocinando chipá con su mamá.

Para algunos de estos espacios comunitarios que trabajan con pibxs se trató de, una vez más, y como vienen haciendo hace varios años, de denunciar la precarización de sus vidas. Pero no sólo denunciar, sino también construir junto con ellxs imaginarios sobre otras formas de vivir2. Reparar en deseos, sueños, y propuestas que lxs niñxs construyen para sus barrios, sus vidas, sus amigxs y sus familias, y que siempre son construidas en interacción con otrxs generacionales, nunca en soledad. Quienes hacemos antropología y militamos con pibxs sabemos que las perspectivas de lxs niñxs respecto del mundo que lxs rodea nunca lxs incluyen solo a ellxs. Lxs pibxs tienen en cuenta a lxs adultxs y a lxs viejxs, pero también a lxs animales, a las materialidades y al ambiente. Es posible que por allí ronde la respuesta de cómo transformar el sentido del día de lxs pibxs. Aprovecharlo, casi como como ejercicio lúdico, para practicar armar un mundo en conjunto con ellxs, por y para todxs.

  1. La convención de los derechos del niño fue sancionada en 1989 y aplicada por nuestro país a nivel nacional en 2006 con la ley 26.061. Muchos autores han analizado este proceso, para más información: Agustín Barna (2012), Gabriela Magistris (2013), Isacovich y Grinberg (2020) ↩︎
  2. Este año, la Mesa de Articulación de Niñez propuso una campaña en redes sociales llamada “Lxs chicxs queremos vivir ¿pero cómo?” para abordar este asunto. ↩︎

Sobre las autoras

Hebe Montenegro, Greta Winckler y Paülah Shabel son doctoras en antropología por la Universidad de Buenos Aires. Integran el equipo de investigación Niñez Plural.

Hebe Montenegro
Hebe Montenegro
Greta Winckler
Greta Winckler
Paülah Shabel
Paülah Shabel

OpenEdition le sugiere que cite este post de la siguiente manera:
Hebe Montenegro, Greta Winckler, Paülah Shabel (21 de agosto de 2026). Sobre el día de lxs niñxs. La deuda con (y la deuda de) lxs pibxs. . Recuperado 14 de septiembre de 2026 de https://diarios.hypotheses.org/1945


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